
De nuevo vuelve el festival Indie por excelencia a Barcelona, por mucho que les pese a los “amigos” de Sinnamon Records. Los datos de asistencia que he visto esta misma mañana, estabilizada respecto al año pasado, me han alegrado verdaderamente. Parece que la asistencia este año al Primavera Sound ha rozado la cifra de 60.000 personas, casi las mismas que el pasado año, lo que lo consolida como el festival indie de la ciudad condal. Y muchos dirán ¡eh tío! ¿qué pasa con el SummerCase? Pues que no es todavía un festival consolidado, porque no tiene todavía un público fiel, porqué no ha pasado de la segunda edición, porqué sus organizadores sólo utilizan criterios económicos y poco artísticos, porque todavía les queda mucho que aprender, empresarial y artísticamente, sobre todo en el mimo a sus clientes.
Parece ser que la afluencia de público extranjero, inglés mayoritariamente atraídos por el prestigio del ATP, se ha incrementado de forma considerable, de un tercio a casi la mitad. Mientras que el publico local (español) ha disminuido considerablemente aunque compensado por el incremento extranjero. Esto nos demuestra una competencia real a nivel local con el Summercase, es decir, si quiero ir a un festival indie este año debo decidirme entre uno u otro, que más de 100 pavos es mucha pasta se mire como se mire ¿Qué ocurre? Pues que el publico, españolito de a pie, se deja llevar más por el relumbrón de los nombres fáciles que por la calidad y el criterio demostrado año tras año, eso sí, sin demasiados fuegos artificiales. Por lo que se ve y gracias a la inteligente asociación con All Tomorrow’s Parties (ATP), este año se afianza el Primavera Sound como festival de extremada calidad para goce y descubrimiento de todos los que no disponemos del tiempo necesario para seguir exhaustivamente el desmesuradamente
inmenso mundo del indie-pop-rock. Ni la falta de relumbrón del cartel, ni la introducción de novedades como el hip-hop (de calidad, eso sí), ni la competencia (¿leal?) del SummerCase, ni la lluvia han sido capaces de hacer caer al Primavera Sound… Veamos si nuestros “amigos” de Sinnamon son capaces de hacer lo mismo con su Summercase. No querría bajo ningún concepto que acabáramos quedándonos sin ningún festival indie en mi ciudad y para escoger prefiero la calidad a la cantidad.
Vayamos al apartado musical y tengamos en cuenta que uno no es ni omnipresente ni tiene el don de la ubicuidad y, sobre todo, ya no tiene veinte años para aguantar jornadas de más de diez u once horas de conciertos…
El jueves empezamos con unos MGMT que alcancé a oir en sus dos o tres últimas canciones… ¡Qué pena! Estoy seguro que de haberlos oído un rato más hubiera sido capaz de asegurar que estaban entre los tres mejores conciertos del PS’08. Impecables en su estilo y con una atractiva puesta en escena dejaron encandilados a un público más bien escaso por el día y la hora que les habían asignado.
Unos insípidos The Notwist sirvieron de digno puente (poco más) a lo que se esperaba iba a ser la estrella de la noche y del festival: Portishead. La verdad es que los germánicos de Notwist demostraron su falta de gracia, no por no querer bailar twist (chiste malo donde los haya) sino por mostrarse como algo arrítmico y poco natural a la vez que dejado y sin chispa. Pero antes y entre bocadillo y cerveza fuimos a hacer el curioso ante la novedad del festival: el hip-hop. Nos acercamos silenciosa y sigilosamente al concierto de Edan with guest Dagha y… ¡sorpresa! Divertidos donde los haya, un par de zumbados haciendo disfrutar a sus seguidores hip-hoperos y a los que ni siquiera soportamos el hip-hop, una lección de humildad para mi prepotencia musical. De ahí a curiosear a unos Public Enemy de solera intachable y un hip-hop que se me hizo absolutamente puro a pesar de mi ignorancia y, de nuevo, golpe en los morros de mi prepotencia al notar un ligero disfrute con esa música que tanto odiaba.
Y llegamos al esperado momento, a Portishead, a una Beth Gibbons pletórica de fuerza y absolutamente dominante en el maremagnum de su formación. En el escenario Rockdelux no cabía ni uno más, Todos eran seguidores del grupo y, además, de los fieles, coreando sus canciones y apretujándose contra las luces del escenario para ver de cerca a su ídolo extemporaneo. Es lo que tienen los grupos de culto, que sus fieles son auténticamente eso: fieles. No hubo para tirar cohetes pero sí que rozaron la perfección en cuanto a nitidez y calidad musical. Probablemente les faltó algo de ímpetu y potencia pero era lógico ya que su intención (OH! SORPRESA!!! ABSURDO!!!) al día siguiente repetían repertorio en el Auditori y, claro, ahí no te puedes pasar con la batería y las eléctricas… En fin, quien lo entienda que lo compre. Obviamente Beth no gozó de mi asistencia al día siguiente.
Unos British Sea Power, ingleses como su nombre indica (en realidad británicos), demostraron lo que dice su nombre en cuanto a lo que no es el mar, es decir poder británico trasladado al indie-pop, algo absolutamente cierto. Cualquier seguidor del brit-pop hubiera disfrutado de la alegría y la fuerza de estos cinco chicos de Brighton, eso sí, recordando a los bienamados Arcade Fire.
Para finalizar la primera jornada intentando guardar fuerzas para los días siguientes nos atrevimos con unos De La Soul que acabaron por aburrirnos con su persistencia demasiado machacona y repetitiva. Sépase que quien escribe tiene ya una idea (mal) preconcevida del hip-hop y que su arbitrariedad deja mucho que desear. Tras el sopor dejado por los amigos de este soul irreconocible decidimos (mi novia y yo, ella más amante del hip-hop que yo) largarnos a planchar la oreja para retomar las fuerzas perdidas, que eran ya muchas.
El viernes, con una resaca del jueves superior a lo esperado, nos dirigimos al Forum con ganas de empezar tranquila y cómodamente encajados en una de las butacas del Auditori. Pensamos que Bill Callahan no podría atraer a un porcentaje de gente suficiente como para llenar el Auditori, pero nada más lejos de la realidad. La cola de gente con reserva triplicaba a la “ilusa” cola de gente sin reserva. Estuvimos un rato en la cola sin reserva hasta que nos dimos cuenta que no valía la pena hacer cola para no ver ni a Bill Callahan y muchísimo menos a Portishead tocando las mismas canciones y en el mismo orden que el día anterior. Nuestro gozo en un pozo (gozo de descanso previo de pies y piernas). Decidimos compensar la falta de Auditori con una estancia en las gradas del escenario Rockdelux para ver a los Bishop Allen, pop en estado puro interpretado por cuatro neoyorquinos de muy buen hacer, entretenidos y con una calidad más que digna.
Una vez introducidos en el sub-mundo del festival de forma lenta y agradable, gracias a los ritmos de Bishop Allen, nos sacamos la pereza de encima y nos dirigimos raudos al escenario Estrella Damm para ver si The Sonics cumplían nuestras espectativas y nos hacían bailar. Y así fue, no nos defraudaron, con esas canciones archi-conocidas y archi-interpretadas por infinidad de cantantes y grupos en todo el mundo desde hace más de cuarenta años. Realmente parecía mentira que ese grupo de sesentones dé todavía la talla en el escenario. Y no son sesentones de sesenta y pocos, Bob Benett, el batería parecía que rondara los ochenta años. Esos americanos de la edad de George Bush supieron ponerle las pilas al público y hacerle disfrutar con su música, puro origen de los movimientos más actuales, hay quien dice que sin ellos el punk no existiría.

Tras el bailoteo con The Sonics y de cara a reponer fuerzas nos dirigimos al garito más fantástico y auténtico de toda la zona de comidas: la churrería de Lloret de Mar. El nivel de las patatas era infinítamente superior a cualquiera de sus competidores, la profesionalidad y el encanto de sus trabajadores estaba fuera de toda duda (no como el resto de puestos) y los churros calientes eran un auténtico lujo que no podías perderte. Pues a base de churros calentitos y patatas descansamos escuchando de lejos a los Bob Mould Band, que a pesar de oirlos como resonando marcaban un estilo propio merecedor de ser escuchado como mínimo una segunda vez. Habrá que probarlo.
Con el estómago lleno de la pasta de churro caliente y riendo con nuestra buena amiga Carme sobre la excelencia del “churro español†nos dirigimos con cierto escepticismo a ver a los Devo. Grupo del que yo, personalmente, no tenÃa demasiadas referencias. Francisca i Carme, mis acompañantes, tampoco. Y mira por donde, Devo fue la sorpresa de la noche, la sorpresa agradable. Y de nuevo, la gente de edad volvÃa a poner en pie y bailando con pasión a unos cuantos miles de jovencitos recién destetados (al menos para mi). Bob Casale (Bob 2 en la jerga de Devo) estuvo impresionantemente convincente, divertido, apasionado y entregado, creo que en todo momento tuvo claro que tenÃa 25 años y que estaba dando un concierto con su grupo en 1977. Sin ninguna duda para mi, Devo fue el concierto del viernes.
Después de ver a un exultante Devo, Charlyn “Chan” Marshall, la cantante de Cat Power, me pareció algo insÃpida y eso que no iba lo colocada que dicen que va habitualmente. Hay que reconocer de todas formas que se entregó al público e hizo un concierto más que digno, aprovechando todo el potencial de su voz que encandiló a un público no demasiado entregado.
Después de varias horas ya no nos quedaban fuerzas para evaluar tres asignaturas que pudieron haber sido excelentes: The Rumble Strips, The Go! Team y El Guincho. Y es que los conciertos después de las tres empiezan a pesar como losas después de los cuarenta.
El sábado amaneció lluvioso y entiendo que eso frenó la asistencia de mucho público. Cómo último dÃa que era nos decidimos a quemar todos los cartuchos empezando a una hora temprana. Aprovechamos para llevar a Arnau, de cinco años, al miniconcierto de minimúsica miniindependiente en una minicarpa con minigrupos indie: una iniciativa encantadora. Hay que reconocer que este tipo de detalles (hay muchÃsimos más) son los que diferencian un festival de calidad, tradición y prestigio de uno que no la tiene en absoluto.
Después de la divertida minisesión y todavÃa acompañado de mi “colega†de cinco años (debidamente pertrechado con sus cascos anti-explosión-de-timpanos) nos dirigimos por casualidad al escenario CD-Drome en busca de Lala, una amiga de la organización. Nos quedamos absolutamente sorprendidos (tampoco tiremos cohetes todavÃa) de la calidad musical de los españoles Madee. Buenos arreglos, buen sonido, equilibrado y envolvente. Buenos de verdad. Tras el descubrimiento fuimos a esperar algo más de Port O’Brien pero, francamente, nos defraudó a todos, incluido a mi compinche Arnau. Por muy californianos que fueran no tenÃan porqué ser mejores que algunos españolitos como los recién escuchados y disfrutados Madee. Cuanta injusticia crean los estereotipos y prejuicios.
TodavÃa de dÃa (y ya llevábamos más de tres horas) nos acercamos al escenario Estrella Damm a ver a los también deseados (de ver y escuchar) Okkervil River. Estos no defraudaron. Puro pop guitarrero, divertido, alegre, bailongo y animado. Nos hicimos un hartón de bailar con mi coleguita en brazos u hombros que nos dejó empapados de sudor pero llenos de alegrÃa, un rato de lo más más divertido. Fue, lamentablemente, el momento de despedirme de mi colega Arnau (los niños deben acostarse pronto) no sin antes pasar a que se hiciera una foto saltando en el stand de Desigual (en la foto). La tarde habÃa valido la pena.

Antes de empezar la sesión nocturna con un idolatrado Rufus Wainwright, volvimos a reponer fuerzas con esos churritos calientes que ya se estaban convirtiendo en un auténtico vicio. Pero, de verdad, hay que reconocer que el mejor puesto de comidas era sin duda la churrerÃa, ni el puesto de kebabs (lentos, poco profesionales, desorganizados…), ni el de comida mexicana (tres cuartos de lo mismo) ni el de creps le llegaban a la suela de los zapatos, sobre todo a nivel de servicio. Cualquiera que no fuera la citada churrerÃa parecÃa un grupito de amigos que se habÃan juntado (en su primer trabajo) para montar un puesto de comidas en el PS’08. Tremendo.
Rufus inició su concierto de forma impecable. Sonido diáfano. Él sólo, con su guitarra o su piano. Nada más en el escenario. La noche cayendo sobre el mar de Barcelona. Las claras notas bien interpretadas y los graciosillos “espeechs†del guapÃsimo niño gay emblema del kruner del nuevo milenio. Y eso está muy bien, en una butaca sentado o escuchando música en casa. Pero, para mi humilde opinión, en un festival como el PS’08, a la quinta canción Rufus se convierte en un puto coñazo que no hay quien lo aguante y acabas del piano y la guitarrita hasta las mismÃsimas pelotas. Y que conste que tengo sus discos y me gusta pero cada cosa en su momento y a un festival se viene a animar al público, no a dormirlo.
Algo tristes por el efecto Rufus nos dirigimos con curiosidad (esta vez, además de mi novia como en los dÃas anteriores, también venÃa Pauli, una buena amiga) a ver a Enrique Moriente. Francisca, era ya fan de su hija, Estrella, pero desconocÃa cómo podrÃa ser esa fusión prometida en un Enrique Morente junto a los indie-pop Lagartija Nick. Pues bien, no tengo palabras para describir el cacho de concierto que nos brindaron estos embriones de la música flamenca. Para mà y queriendo ser extensivo a una crÃtica universal, MORENTE FUE EL CONCIERTO DEL PRIMAVERA SOUND’08. Ni Portishead, ni Devo, ni nadie les llegó a la altura de los zapatos. Lo clavaron todo:
- Fusión perfecta del flamenco con el indie-pop-rock
- Transmisión de emoción
- Conexión y comunión con el público
- Subida del ritmo canción tras canción en un “in-crescendo†imposible de igualar
- AltÃsima calidad musical en los dos estilos: flamenco y pop-rock
- Espectáculo
En fin, que fue un concierto memorable donde los haya. Aunque probablemente la sorpresa de la fusión de estilos ayude a sobreapreciar un concierto de estas caracterÃsticas, el público disfrutó de lo lindo de un modo que no llegué a ver en ninguno de los otros conciertos.
Después del flash Morente, cualquier cosa podÃa saber a poco y con cierto miedo esperamos descansando en las gradas del escenario Rockdeluxe la llegada de los Tindersticks. Afortunadamente Stuart Staples estuvo a la altura de las circunstancias y ofreció su voz manteniendo sus niveles de calidad al más puro estilo Tindersticks. Un buen concierto para decir adiós al festival.
Después de más de veinte horas arrastrándonos por el Forum de Barcelona la conclusión es que ha valido la pena. Ha valido la pena seguir yendo otro año más a un festival bien organizado, con buen ambiente, sin agobios ni masificaciones, con buenos servicios y, sobre todo, un cartel de extrema calidad.
Nos vemos el año que viene en Primavera Sound 2009!!!